¿PROPIETARIOS? ¿TRABAJADORES?

27º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

 

   Por tercer domingo consecutivo aparece en la Palabra la parábola de la viña. La trama de este domingo  es: el propietario de la viña se preocupa, invierte, cuida y se desvela por su viña; busca que dé muchos, buenos y frutos oportunos. La renta a sus trabajadores para que la trabajen mientras él se va de viaje. Con el tiempo los trabajadores se creen propietarios de lo que se les confió; es más, maquinan la forma de quedarse con la viña, sin descartar la muerte del hijo del propietario.  Sabemos el significado y el desenlace de la parábola cuando Jesús ‘pone nombre’ a los arrendatarios…

 

   Leída en el siglo XXI de la era cristiana, la parábola tiene un presente-futuro interesante, cuestionante, preocupante:   ¿Qué pasa/pasará si no creemos en Dios-Señor? ¿Quién es/será el propietario-señor? ¿Quiénes son/serán los trabajadores? , ¿Qué sentido tiene/tendrá el trabajo? ¿Qué criterio se usa/usará para medir/poner precio a los frutos?... Nuestro tiempo se caracteriza por el debilitamiento y la pérdida de la fe en Dios como Señor y los valores que de ahí se derivan. Por tanto, la consecuencia será caer en lo que cayeron  los trabajadores de la parábola.

 

   Los habitantes digitales (nativos y migrantes) del siglo XXI defendemos, con razón, la autonomía (autoestima, autoafirmación, autocomprensión, automóvil, autodeterminación…) del ser humano y de los pueblos. La lucha por la libertad y las libertades, la justicia y la igualdad, ha caracterizado los movimientos sociales de la época moderna. Sin duda es un avance significativo en la historia de la humanización y una derivación del progreso de la ciencia y la tecnología. Los problemas vienen cuando pretendemos ser dueños absolutos de todo y de todos y perdemos el punto de referencia en la vida. El subjetivismo y el relativismo moral permean las conductas… ¿Nos sucede/sucederá lo de los arrendatarios de la parábola?

 

   La pretensión de ‘apropiarnos’, de hacernos dioses y señores de la creación, de creernos mesías redentores está marcando la visión en las nuevas culturas. Algunos temas de la ingeniería genética (por varios intereses) y los intentos de cambiar (por votación) el fundamento natural del matrimonio y la familia taladran los valores éticos básicos de la convivencia humana y el futuro de la sociedad. ¿A qué viñadores  arrendarán los viñedos los presuntos nuevos propietarios? Estamos padeciendo las pandemias de la soledad atroz, depresiones profundas y vacíos destructores de la vida. La cultura de la muerte, pues.

 

   Ser llamados para trabajar en la viña del Señor no nos da ningún derecho a creer que la viña es nuestra. En la Iglesia también caemos en la tentación de sentirnos dueños de personas, grupos, movimientos, parroquias, diócesis, bienes culturales, dineros… ¿No es la historia de muchas instituciones eclesiales que empezaron bien y terminaron mal porque perdieron la centralidad de Dios –Señor-Propietario? ¿Cuántas viñas fueron ‘frondosas’ y ahora quedan solamente ‘restos’ por nuestros intentos de apropiación? La Viña del Señor sigue. Los que no siguen son quienes se creyeron más listos que Dios… Por otra parte, siempre habrá trabajadores que se entiendan como servidores y reconozcan a su Señor. Y su Señor no los abandonará.

 

   Muchas gracias por sus bendiciones en ocasión del segundo aniversario de trabajar en la Viña de Zacatecas. Los abrazo y los bendigo.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

@signorbar
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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas