SER SAL DE LA TIERRA EN TIEMPOS DE CORRUPCIÓN

Quinto Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

   ¿Seguiría Jesús enseñando lo mismo en tiempos en que han cambiado las preocupaciones y los intereses de la vida? Pan compartido, Jesús crucificado, sal de la tierra, luz del mundo, buenas obras… Es la enseñanza de este domingo de febrero, mes que fue el último del año durante siglos. Como que hemos evolucionado (¿para bien?) en la forma de medir/organizar el tiempo y… en los intereses que buscamos en la vida, con sus respectivas preocupaciones. ¿Evoluciona también la Palabra de Dios? ¿No se habrá quedado ‘atrasadita’? ¿En verdad (de veras) interesa organizar la vida de acuerdo con una Palabra/Evangelio que fue pronunciada y escrita en tiempos muy lejanos a los nuestros?

    Para responder a estas cuestiones (questio = pregunta, en latín) he escudriñado los verbos que aparecen en las lecturas de este día. En todas prevalecen los verbos conjugados en tiempo presente, o algo que tiene que ver con el presente y ‘los presentes’: “Comparte tu pan…”  “Me he presentado ante ustedes débil y temblando de miedo…” “Ustedes son la sal de la tierra…” “Ustedes son la luz del mundo…” “… Para que viendo sus buenas obras”. Imperativo presente, participio presente, presente presente, gerundio presente. De modo que… Saquen conclusiones si la Palabra de Dios tiene algo o mucho que ver con el tiempo actual, con sus preocupaciones e intereses. Sí, sí, puede objetar alguien, pero Dios sobrepasa toda gramática, está más allá de los verbos conjugados en todos los tiempos habidos y por haber... Sí, sí, me atrevo a replicar; aunque Dios no tiene necesidad de nuestra gramática (¡vaya que la domina perfectamente bien!), nosotros sí tenemos necesidad de ella para comenzar a entrar en el misterio del amor de Dios y de los recovecos de la vida…

   Jesús usa los verbos en tiempo presente para que su presencia se haga presente en nuestras presencias y nuestras presencias lo hagan presente en el presente: “Ustedes son…”. No dice ustedes serán, o pudieran ser, o ya fueron, o esto aplica para ciertos momentos. Nada de eso. Ser o no ser, simplemente… El mandato/imperativo/invitación de Jesús es para todos, chicos y grandes, ricos y pobres, legales e ilegales… En todos los meses del tiempo, en todos los momentos de la historia. Quiero recalcar  dos presencias urgentes del cristiano en el tiempo presente:

  • “Ustedes son la sal de la tierra”.  En un tiempo en el que la metáfora de la sal, símbolo de la sabiduría, era usada para evitar la corrupción de los alimentos, ‘ser sal de la tierra’ significaba preservar el mundo de la corrupción. En el presente del mundo, ¿qué significa? La corrupción, bien sabemos, es un mal que corrompe todo lo que toca y es causa de la propagación de la cultura de la muerte en todos los ámbitos/espacios/tiempos de la vida. Cristiano-sal de la tierra, ¿dónde estás? ¿Por qué te has vuelto insípido y apagado? ‘Nadie se quiere comprometer’, es una de las quejas que escuchamos con frecuencia. Podemos comprender que no todo mundo es para prestar un servicio determinado. Pero ningún cristiano está dispensado de ser sal/sabiduría donde ha sido plantado. Nadie está dispensado, nadie.

  • “Viendo las buenas obras que ustedes hacen…” En la época que vivimos ya no usamos este lenguaje. Para la gente ‘moderna’ suena como cosa de tiempos que ya se fueron y no volverán.  Usamos otras expresiones que no siempre son ‘buenas obras’: intervenciones programadas, estrategias aplicadas, aplicaciones logradas, iniciativas privadas y públicas, paradigmas/modelos de comportamiento… No aparece la bondad, ni como sustantivo, ni como adjetivo, ni como verbo. No es parte de la vida, no la define, no la expresa… no importa. La ética (= ciencia y arte de obrar bien el bien) es la gran ausente… Buenas obras, dice Jesús. Obras buenas, cargadas de sentido, frutos de la fe, expresiones del amor cristiano, dinamismo del Espíritu en dirección de la plenitud de vida y de la Vida Eterna, decimos nosotros.

   En fin, la Palabra de Vida es actual, siempre escudriñadora de nuestras intenciones, luz para ser sal en el terruño, lámpara encendida que provee el fuego/pasión para construir un mundo bueno…

   No puedo desearles mejor bendición que orar por ustedes para que brille la luz de su fe ante los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

 

                                                                             + Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas