DIOS ENTRA EN LA VIDA/HISTORIA

Bautismo del Señor. Ciclo A

 

  Tal como se escucha, así es. El gran tiempo de Adviento-Navidad-Epifanía llega a su fin... en el tiempo. El fruto dulce y trascendente es Jesús, el Cristo, nacido para nuestra salvación y manifestado a todas las naciones de ayer, hoy y mañana. Los frutos están en nosotros. El Bautismo del Señor es también manifestación del amor de Dios que se mete, hasta el fondo, en la fila de la historia de los seres humanos, de sus creaciones y de toda la creación. De veras que nos asombra la iniciativa de Dios. Dios ha tomado la vida/historia como su casa y, al entrar hasta el fondo de las aguas del Jordán, nos dice que no quiere irse de ella; vino para quedarse. Podrá terminar el tiempo litúrgico de Navidad, pero el Nacimiento del Hijo de Dios en la historia humana es para crecer/madurar cada día, todos los días, hasta el final de los tiempos. Para el cristiano queda claro que el Nacimiento de Jesús deberá desembocar en su Muerte y Resurrección, en la Pascua. La fe en la encarnación del hijo de Dios no es fácil de aceptar a la primera; el diálogo entre Juan Bautista y Jesús lo prueba.

 

  Pensar en el Bautismo del Señor es una invitación a seguir profundizando y agradeciendo el nuestro. Mil gracias papás y padrinos que nos han llevado a la fuente bautismal... Si Dios ha entrado, hasta el fondo, en la vida/historia de la humanidad, con el Bautismo recibido ha entrado hasta el fondo de nuestra vida/historia. Así es, tal como lo escuchamos. Desde entonces nuestra vida/historia es una vida/historia con Dios dentro; con lo mejor de Dios, el Espíritu Santo, trabajando dentro de nosotros y con nosotros para que todos los amaneceres sean vida nueva. También sobre nosotros se ha pronunciado desde el cielo: "Tú también eres mi hijo muy amado, en quién tengo mis complacencias".

 

   Vivir el bautismo en nuestros días -en este tiempo que nos es regalado para edificar nuestra vida/historia- tiene los mismos retos que han tenido que hacer frente todos los bautizados de la historia: dejar que Dios entre hasta el fondo de nuestra vida/ historia, la transforme en vida/historia de salvación, en una vida/historia con Dios dentro. La vocación-misión del bautizado cristiano es irradiar el amor de Dios por dondequiera que pase. Que se note que Dios está dentro de nosotros. La forma de 'que se note' ('hacer lío' en traducción del Papa Francisco) es amar, amar, amar a Dios con todo y sus hijos, nuestros hermanos, especialmente a los más necesitados y vulnerables. No hay de otra. Para el bautizado no hay jubilación, en ninguna edad de la vida. Está invitado a ser protagonista en la historia humana.

 

  Si tienes la tentación de regresar tu boleta de bautizado... te sugiero que antes vayas al Jordán, mires a Juan Bautista y a Jesús, escuches sus palabras, atiendas la voz del cielo y... te dejes abrazar por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No te hagas... Tú también eres hijo/hermano amado...

 

Bendigo a todos y todas, en cualquier apuro de su vida/historia.

@signorbar
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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas