EL TESORO DE NICANOR

17o. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

 

    No es de los seres humanos que, alguna vez en su vida, se inquietaron en buscar 'entierros', tesoros olvidados o escondidos para solucionar -de una vez por todas- las preocupaciones y necesidades materiales de la vida. Quizás oyó hablar de ello; quizá leyó algo parecido en las novelas de vaqueros del norte, sur, este y oeste... Se trata, más bien, de la actitud de Nicanor ante la vida. No he conocido otro tipo más apasionado, más entregado a vivir, compartir y disfrutar la vida. Al platicar con él y contemplar su forma de vivir aprendí que debe haber algo/alguien/Alguien que te llene, que sea fuente de vida, que deje huella; si no, la vida se vuelve sosa, insípida, todo da igual, nada nos entretiene ni nos pone en movimiento... Nicanor encontró su tesoro en la fe en Jesucristo, Hijo de Dios, tal como se lo transmitieron sus padres/catequistas en la Iglesia de su pueblo. No le importó invertir en ello sus ahorritos, tiempo y una larga lista de sacrificios. Los frutos: una vida feliz porque encontró la razón de ser de la vida, de vivir para amar, lo que el Evangelio llama el Reino de Dios.

 

   El ejemplo de Nicanor nos hace comprender el Evangelio de hoy que nos presenta algunas de las parábolas del Reino. Lo de Dios, es decir, el Reino de Dios, es presentado como una 'pasión', como un gusto, como una realidad que afecta a la vida entera. Cuando alguien lo descubre queda enganchado, ya no vive nada más que para eso; ya no puede vivir sin vivir para el Reino, sin hacer Reino de Dios ahí donde está. El testimonio de Nicanor es elocuente. Su esposa Nikaida no le creyó al principio, menos sus amigos de parranda; ya le pasará, comentaban con tono venenoso... Pero no... Nicanor hizo Reino de Dios de la forma más sencilla: preocuparse por la felicidad de la gente; que no les faltara pan ni sonrisa a nadie; que el 'descartado' por la sociedad, la Iglesia y el gobierno tuviera un samaritano al lado... Dios y prójimo en sus infinitas y múltiples posibilidades, nada más.

 

   Es posible que el Reino de Dios sea descubierto por unos pocos... A los demás nos basta con encontrarnos con hombres y mujeres que han descubierto el Reino y lo hacen ante nuestros ojos. Hay tantas Teresas de Calcuta y Nicanores en nuestras calles empobrecidas y en los callejones existenciales... Nos quedamos admirados y nos preguntamos: ¿Cómo es posible que en un mundo tan egoísta haya gente tan desinteresada, tan entregada a los demás, tan creativa, tan profundamente sencilla que nos hace mirar/ver la densa belleza de la vida ordinaria? Sí la hay y puede haber más si encontramos el tesoro, la perla del Reino de Dios... Si tomamos en serio nuestra fe en el Dios de Jesucristo que nos invita a amar a Dios y amar al prójimo, al mismo tiempo... Si escuchamos el llamado a ser santos, modelo 2014, con jeans, descalzos o con botas... Si... ¿Te apuntas?

 

   Los abrazo y los bendigo desde Granados, Sonora.

 

+ Sigifredo

 Obispo de Zacatecas en vacaciones

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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas