RESPONSABLES Y CO-RESPONSABLES

33o. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

 

Cuando visito una comunidad y veo a la gente, me pregunto cómo y de qué viven. Miro a tanta gente que tiene que responder por sí y por otras personas. Comer, vestir, estudiar, vivir... encontrar el sentido de la vida, ser felices... Al fin del día y los días queda lo esencial: vivir, estar viviendo, vivir bien, vivir con dignidad, vivir con/para otras personas... Vuelve la imaginación y ahora se dirige a buscar vivir (no simplemente sobrevivir) cada día, todos los días; preocupaciones, posibilidades, penas, logros, frustraciones... Tener que responder, hacerse responsables, corresponsables... El 'buen fin': el gozo, la felicidad, la satisfacción de la lucha que valió la pena, o...  No sé cuántas personas lo logren, cuántas se queden con el sinsabor de la decepción. Responder, respuesta, responsabilidad, responsabilidad compartida. 'Hice la lucha', decimos cuando lo intentamos, independientemente de los resultados. Éstos quedan fuera, los frutos quedan dentro... El chiste es que todos los días somos llamados a la responsabilidad.

 

Hace casi dos meses ocupa la atención de mucha gente los hechos atroces en Iguala, Guerrero.  Un dolor inigualable para las familias, una oleada de indignación para todo un país, un detonador que hace revivir otros agravios. ¿Quién? ¿Quiénes? ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? Son hechos provocados por la maldad que pueden ser aprovechados por otro tipo de maldades. ¿Responsables? ¿Corresponsables? En cualquier conflicto  social somos llamados a asumir nuestra responsabilidad.

 

Entramos en la parte final del año litúrgico; quince días más inicia, con el Adviento, otro recorrido de salvación y de esperanza. Con parábolas, signos y palabras, Jesús sigue invitando a la fidelidad y  a la responsabilidad del trabajo por el Reino de Dios. Si  somos fieles responsables, los frutos de justicia, libertad, amor y paz serán las señales de que nos hemos tomado en serio la fe en Jesús...  Lo importante en la parábola de los talentos es la responsabilidad de recibirlos. No basta con conservar lo que se ha recibido; al creyente se le pide que negocie con ellos para hacerlos rendir... Impresiona la confianza del propietario que deja sus bienes a los empleados. Así es Dios con sus hijos. No hay talento pequeño... Lo poco se puede convertir en mucho y en todo cuando lo trabajamos con gratuidad, generosidad e inteligencia.

 

Los problemas personales y sociales no se solucionan por arte de magia. Si nosotros los provocamos, en nosotros está la solución si ponemos los talentos recibidos al servicio de la vida y el bien común. No desconocemos la complejidad de los conflictos sociales...  Si ponemos al servicio de cada persona y de la sociedad la infinita  potencialidad del amor de Dios, tendremos vida y no muerte, gozos y no sufrimientos infligidos, paz y no incertidumbre...  Si ponemos al servicio de todos todos los talentos recibidos, la esperanza de un país mejor dará sus frutos. Somos responsables y corresponsables también del bien personal y social.

 

Nos unimos en oración para que los talentos de todos los actores de la vida nacional se pongan al servicio de la gente más golpeada por la violencia injusta…, y de todo nuestro México.  Los bendigo para que así sea.

 

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas

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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas