ENTRE TEMPLOS Y CATEDRALES

Dedicación de la Basílica de Letrán

 

Cuando veo de lejos las torres de los templos me dan ganas de gritar de emoción. Pienso inmediatamente en los corazones que los quisieron, las mentes que los pensaron/diseñaron, las manos que plasmaron/conjuntaron la inteligencia y las voluntades de cientos de personas. Los templos son una síntesis -casi sublime- de verdad, belleza y bondad generosa; de ciencias, creencias y fe; de pasado, presente y futuro… Son expresión de fe, esperanza y amor de un pueblo; ‘santo’ orgullo de los nativos residentes y emigrados. Han llegado a ser símbolo de identidad de/para varias generaciones. Los templos alimentan el sentido de pertenencia de una comunidad; son espacio para la oración silenciosa, la adoración en espíritu, la inspiración necesaria, un remanso de paz, la casa común, el espacio sagrado para la reunión de la asamblea (por eso también se les llama iglesias).

 

Las catedrales tienen un especial significado: son el templo sede de un obispo que reside en ese lugar (= obispo residencial). Desde la cátedra ejerce el servicio (ministerio) de enseñar, santificar y conducir al pueblo de Dios que peregrina a la casa del Padre en esa geografía.  La sensibilidad, la ciencia y el amor de muchos artistas creyentes han hecho de la construcción, equipamiento y embellecimiento de las catedrales una verdadera obra de arte, una plasmación sublime de la belleza de la fe… La rica variedad de materiales usados adquieren vida ante Dios, llaman dulcemente a la espiritualidad, despiertan sonrisas de admiración y satisfacción a creyentes y turistas.

 

Los templos no se bendicen, se dedican –a través de un rito especial- al culto a Dios y a la reunión de la asamblea que alaba, celebra y adora a Dios. Hoy, nueve de noviembre, celebramos la fiesta de la dedicación  de la Basílica de Letrán. Fue la primera consagración pública de una iglesia. Es la catedral del Papa, obispo de Roma.  Desde hace  siglos (año 320)  es símbolo de la unidad de todas las comunidades cristianas con Roma; es la razón por la que celebramos la fiesta de su dedicación en todo el mundo católico. Es una manera de recordar  que estamos unidos por una misma fe y que la Iglesia de Roma, que es la Iglesia del apóstol Pedro, es un punto de referencia fundamental de nuestra fe.

 

La visión que tenemos hoy sobre la vida está cambiando. Se muestra de muchas formas. Una de ellas es que ya los templos –con todo y sus torres- no son los referentes principales de las ciudades; hay edificios más altos. Los centros comerciales y los estadios parecen ser las nuevas catedrales… La liturgia de este día nos invita a volver al sentido original de los templos: Cristo es el Templo de la nueva alianza. “Ustedes son el templo de Dios”, leemos en la segunda lectura; no son los muros ni los edificios los que adoran a Dios sino los corazones de los seres humanos. ¿Seremos capaces de hacer de nuestras vidas construcciones sólidas y bellas donde se adore a Dios en espíritu y en verdad? Nuestro mundo necesita hoy más de estos templos vivos y catedrales donde se edifique la comunión/solidaridad en la fe.

 

Los bendigo desde la catedral de Zacatecas y  la Basílica de Guadalupe.

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas