LA VERDAD EN EL AMOR EN TIEMPOS CAMBIANTES

Sexto Domingo de Pascua. Ciclo A

 

A quince días de Pentecostés todo apunta al Espíritu, a despedida y nueva presencia, al tiempo y más allá del tiempo, a la seguridad y a la intemperie. Es la hora de la verdad en el amor de/para los discípulos testigos. La Palabra de Dios es maravillosa porque no sólo nos revela el corazón misericordioso de Dios sino también el corazón del discípulo-testigo y el corazón de la comunidad de los discípulos enviados a ser testimonio vivo y gozoso del Resucitado. El Evangelio escuchado y celebrado este domingo lo anuncia, promete y revela de distintas formas, en un ambiente de despedida y de misión.

 

Tres indicaciones pascuales de la Palabra del Señor para los cristianos posmodernos:

 

1. La presencia del Señor es en serio y para todos los días. De tres modos nos lo recalca el Evangelio: su vuelta y nuevo vivir en nosotros, la donación del Espíritu Santo y la presencia del Padre y del Hijo en cada persona. Dios está tan cerca como grande sea nuestra fe. Su presencia está en el interior de las personas y en la comunidad de los creyentes. Somos templos vivos. Entonces la relación con Dios y con las personas no es de súbditos sino de hijos, hermanos y amigos.

 

2. La presencia del Señor en su Iglesia nos compromete a servir cercanos, alegres, efectivos, creativos y corresponsables. Cuando Dios habita en la persona y en la comunidad hay frutos abundantes. En la visita que hacemos los obispos mexicanos estos días, a la sede de Pedro, el Papa Francisco nos ha insistido en que nos acerquemos al pueblo, entremos en sus necesidades y aspiraciones y tengamos las actitudes del Buen Pastor, no de príncipes. Tenemos la alegre corresponsabilidad de hacer creíble y fructuosa la presencia del Señor en los tiempos nuevos que vivimos. Se trata de hacer presente a Cristo, de ser sus testigos, de apacentar la comunidad de los discípulos del siglo XXI.

 

3. La novedad más novedosa de la Pascua: la presencia del Señor en el corazón de la persona: "Vendremos y pondremos nuestra morada en él/ella". La tentación que nos acosa es no creer en esta presencia, pasar de largo, inventar lo que quisiéramos que fuera Dios... Si Dios ha elegido esta presencia quiere decir que a Él lo encontramos y le servimos en la persona y las personas. Por eso el prójimo es el examen continuo y permanente de la verdad en/para el amor del discípulo de todos los tiempos.

 

Creer en tiempos de indiferencia y apatía es dejarnos conducir por el Espíritu. Él nos llevará a ser personas inspiradas, fortalecidas, comunitarias, audaces, visionarias, alegres... Lo peor que nos pueda pasar es retirarnos, replegarnos, mirar atrás, pensar que la verdad está terminada y basta creerla... La presencia del Resucitado debe significar para el cristiano la invitación permanente a la novedad del Espíritu, es decir, la novedad de vida personal, familiar, eclesial, pastoral... ¿No es lo que queremos decir cuando pedimos: VEN, ESPÍRITU SANTO, A RENOVAR LA TIERRA?

 

Los bendigo desde el tren Viena - Padua.

 + Sigifredo

 Obispo de/en Zacatecas

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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas