ACTIVAR LA CONVERSIÓN

Segundo Domingo de Adviento. Ciclo B

 

‘No somos como éramos’, pensamos para consumo personal… ‘Cómo ha cambiado’, dicen otras personas que nos conocen cuando ven algo nuevo en nosotros. Otros, o nosotros mismos, nos damos cuenta cuando hay novedad en nuestra forma de ser, pensar, decir, vivir; para bien, o para mal… Cualquier cambio se nota, se ve de lejos; modifica la percepción, la actitud, el comportamiento; hay un plus, por dentro y por fuera; el interior se exterioriza, las realidades externas se interiorizan; el entorno/contorno se transforma. Aplica a personas, familias, nuestro indignado México. Vida nueva, nueva vida. La esperanza renace o fenece. No somos los mismos, somos mejores o peores.

 

Activar el cambio, activar la conversión... Los males que vivimos (corrupción, injusticias, violencias, impunidad, indiferencia, pasividad…) son provocados por alguien, por mí, por algunos; a solas o/y en contubernio; por acciones personales y/o en acciones cómplices; por dejadez, desfachatez, intereses egoístas… Los males se pueden enraizar en las personas, el ambiente, las estructuras e instituciones que el mismo ser humano se fabrica. ¿Hay remedio? ¿Qué remedio? ¿Quién lo receta? ¿Qué dosis? ¿Cuándo empezamos el tratamiento? Estoy convencido que el mal que hacemos/el bien que dejamos de hacer los seres humanos tiene remedio en los mismos seres humanos si…

 

El segundo domingo (segunda semana) de Adviento nos indica cómo: preparar el camino, allanar el camino. Para cambiar para bien, para convertirnos en personas de bien, es necesario dejar que Dios entre hasta el fondo de nuestro hábitat humano, hasta el fondo de nuestra conciencia. Su mirada cargada de tierna compasión transformará lo torcido, allanará lo abrupto, convertirá lo muerto en vida. Para eso vino Jesús, el Hijo de Dios, al mundo. No es algo mágico. Depende de nuestra fe en Él y en la disponibilidad para seguirlo.

 

Cambiar y convertirse es aceptar que el Dios de Jesucristo (Padre, Hijo, Espíritu Santo) sea el centro, no nosotros; que Él sea nuestro pastor, no otros dioses;  que Él sea nuestro guía, no los intereses egoístas; que Él sea nuestro maestro, no los falsos profetas que le apuestan a la mentira y a la falsedad. Es posible que alguien lo consiga con su trabajo, pero… Lo normal es que haya alguien quien nos alerte,  despierte y señale la necesidad de la conversión. Alguien o algo nos llevan a Dios. Una persona, un acontecimiento, una situación que parecía lejana e intrascendente  se convierte de pronto en ‘profecía’ de un cambio personal. Y comienzas a allanar el camino. Allanar el camino es dejar que entre la palabra y los valores de otra persona, aceptar otra perspectiva, otra compañía que se me brinda.

 

Hoy aparece otro personaje importante de Adviento: Juan el Bautista. Que al encender la segunda vela de la corona, la luz y el fuego iluminen, muevan, purifiquen, transformen los corazones empedernidos, los enfriados, los desilusionados, los agotados…  Si hay conversión viviremos una santa Navidad, durante esta temporada y todo el tiempo de nuestra vida.

 

Oro por ustedes y los bendigo para activar la conversión.

 

 

+ Sigifredo

   Obispo de/en Zacatecas

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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas