ACTIVAR LA ALEGRÍA

Tercer Domingo de Adviento. Ciclo B

 

 ¿Dónde? ¿Cómo? ¿En este tiempo de…? ¿Quién? ¿Con quién? ¿Para quién? El tiempo de Adviento-Navidad-Epifanía nos proporciona pistas, elementos y gracias para encontrar lo que buscamos. Más allá de lo pasajero, este tiempo litúrgico nos abre el horizonte de la alegría plena al alcance de la fe-esperanza y nos indica quién es la fuente y la causa de nuestra alegría. “Mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi Salvador”, canta María, lo hemos escuchado y disfrutado el 12 de diciembre. 

 

Ordinariamente usamos la palabra felicidad y no los sustantivos alegría, gozo, júbilo, bienaventuranza, santidad. Quizás porque nuestra búsqueda se queda en deseos inmediatos, para consumo propio y de las personas más cercanas. Esperamos el día de Navidad, el Año Nuevo, el del santo y cumpleaños, un logro significativo en nuestra vida, para decirlo abiertamente con abrazos, deseos, cuetes y cuentas nuevas…

 

El ambiente exterior de estas semanas pretende aportar personajes, recordatorios, luces, flores, cantos especiales, desplazamientos, mensajes, regalos, encuentros, descanso, gente, familia.  Una especial sensibilidad toca las fibras más hondas de nuestro ser y despierta lo que duerme durante meses: el amor efectivo al prójimo más alejado, vulnerable, descartado. Cuando abrimos los brazos al hermano experimentamos  algo más que una felicidad pasajera: un gozo profundo que nos llena de paz, esperanza y confianza en el prójimo al que hemos convertido en hermano.

 

Me impresiona la seguridad confiada de Juan el Bautista cuando se define en la verdad de sí mismo y anuncia el dónde y el cómo de la llegada del Salvador. Con su actitud y testimonio desconcierta a quienes lo interrogan. Éstos, sin querer comprometerse,  le preguntan: “Quién eres tú?” “Qué dices de ti mismo?”  Juan, después de decir quién no es, va al grano y señala con rotunda claridad: “En medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen”.  Descubrir que Dios está dentro de nosotros, en medio de nuestras cosas, que quiere saltar de alegría y hacernos saltar de gozo, es una gran y difícil lección. Estamos acostumbrados a desplazarnos fuera de nosotros mismos para encontrarnos con Dios; Juan nos dice que no es así, que hay que caminar hacia el interior de uno mismo y de la vida de cada día.

 

“En medio de ustedes…” Nos da la seguridad y la confianza que anhelamos. El desplazamiento al interior de uno mismo y del misterio de la vida ordinaria se hace a través de las preguntas por lo esencial, por el prójimo-hermano, por el sentido de la vida, por nuestras tareas a favor de la paz y la justicia, por el compromiso de nuestra fe. ¡Con razón el tiempo de Navidad nos llega tan hondo!

 

Al encender la tercera vela (rosa) de la corona de Adviento, agradezcamos a Juan que nos anuncia que, el Dios que viene, está tan cerca como nosotros queremos que esté. La alegría puede ser activada si le dejamos habitar en nosotros y, con él, los prójimos abatidos por tantas pobrezas.

 

Con mi bendición y afecto jubiloso.

 

+ Sigifredo

    Obispo de/en Zacatecas

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24 de diciembre de 2014  ©Diócesis de Zacatecas