XIII ASAMBLEA DIOCESANA DE PASTORAL

 

 Homilía

16 de enero, 2017

Salón Emperador, Hotel don Miguel

 

  1. Gracia y paz  de parte de Dios a cada uno de ustedes:

 

  • Asambleístas, peregrinos, buscadores inquietos, colaboradores de Cristo en este hoy de la salvación…

 

  • Presencia de Cristo en los surcos de la vida, en la familia, la escuela, lugares de trabajo, comunidades parroquiales… en el mundo nebuloso y prometedor del siglo XXI.

 

  • Iglesia viva, pueblo sacerdotal, pueblo de Dios… llamados a dar testimonio de la fe, la esperanza y la caridad en cualquier entorno, escenario  y contexto.

 

  • ¡Dichosos los invitados a la mesa del Señor!

 

  1. Iniciamos la XIII Asamblea con la confianza de quien cree que el plan salvífico de Dios aplica en todo tiempo y lugar.  Por tanto, también en estos tiempos críticos y, al mismo tiempo, esperanzadores. Hoy nosotros somos invitados especiales a trabajar en esta viña aprovechando las oportunidades que las crisis no proporcionan.

 

  • Ante las situaciones complejas y demandantes que vivimos como nación, al principio somos presa de la confusión… No sabemos con claridad qué está pasando… Las realidades cada vez son más complejas; reaccionamos, simplemente reaccionamos ante el impacto que aplasta nuestras seguridades... Después nos preguntamos por qué está pasando... Luego qué tenemos que hacer, quién tiene que encabezarlo, cómo ser parte en la búsqueda de respuestas y soluciones. No podemos quedar indiferentes. Acudimos a experiencias del pasado para discernir y decidir el camino a seguir.

 

  • La dispersión y la manipulación de la información es un ingrediente extra que siembra confusión, alimenta la impotencia, es usada para otros fines que no son el bien común del pueblo…

 

  • Nos da confianza que lasemilla de vida -donde anida la esperanza- está en nosotros para generar vida nueva. Nos ayuda a replantear conductas, fortalecer valores, desarrollar talentos… Puede ser la oportunidad para transformar sistemas, estructuras, instituciones, tejido social, tejido institucional...

 

  1. La Palabra de Dios siempre es oportuna. Ilumina el camino que transitamos… Conduce a la verdad plena, no a fragmentos de verdad… Mucho menos a visiones egoístas, convenencieras, mentirosas...

 

  • Escuchamos cómo el Espíritu es el guía y garante de que las decisiones de la primera comunidad cristiana son sensibles a la verdad. La comunidad elige, discierne, decide y envía a quienes han creído y se han puesto en el camino del seguimiento del Señor. Lo hace en  asamblea, reuniones de consejo, no sin las fatigas del discernimiento… de la imprevista respuesta de los enviados… y de asumir los riesgos que hay en el proceso. El fruto es una Iglesia que sale del cenáculo de sus seguridades: “todos se llenaron de júbilo”. Audacia, creatividad, confianza, alegría son las disposiciones interiores y exteriores.

 

  • El Espíritu  es garantía y testigo de que la verdad está en el amor. “Ámense, ámense, ámense…” Amarse para amar es la señal, la garantía de la verdad, la única forma de saber si estamos en el camino correcto. “Ámense…” es fruto y exigencia, gozo y envío, constructor de comunidades y animador de una Iglesia en salida. La Iglesia le ha llamado caridad pastoral a todo apostolado en su gestación, preparación, pasión, operación y evaluación.

 

  1. Iniciamos bajo la luz del Espíritu Santo la XIII Asamblea de pastoral en la historia de nuestra diócesis…

  • Entremos, participemos, colaboremos, comprometámonos.

  • Todo bajo la guía del Espíritu Santo…

  • Todo en un ambiente de trabajo colaborativo, gozoso y esperanzador…

  • Santa María, madre de la Iglesia, ruega por nosotros.

  • Santos zacatecanos, rueguen por nosotros.

 

  1. El Señor es mi pastor, nada me faltará… Convocados y reunidos alrededor de la mesa de la Iglesia, Cristo Eucaristía, lancemos las redes… Seamos protagonistas…  Sigamos participando.

@signorbar
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16 de enero de 2017 ©Diócesis de Zacatecas