XIII ASAMBLEA DIOCESANA DE PASTORAL

 

Alocución

16 de enero, 2017

Salón Emperador, Hotel don Miguel

 

 

Iglesia peregrina de/en Zacatecas, presente.

¡Bienvenidos asambleístas!

 

  1. Los primeros días de enero 2017 han traído noticias que nos están sacando de la modorra de la indiferencia. El inicio del año no ha sido fácil. El alza de los combustibles, la proximidad del 2018 y otros eventos de nuestro entorno globalizado están sacudiendo tapetes, despertando conciencias  y provocando reacciones no todo el tiempo edificantes, reflexiones diversas, preocupaciones en todos los estratos de la población. 

 

Sentimos que el gozo sereno de la Navidad y las notas esperanzadoras de un año nuevo están dando paso a una incertidumbre con tonalidades diversas. Aquí estamos, por una parte, con expectativas inciertas, confusas; por otra, tratando de hacer acopio de la esperanza que brota de la fe en Dios y vislumbrando las oportunidades que se vienen pero que dependen de nuestra  capacidad de afrontar situaciones adversas con espíritu colaborativo y solidario.

 

Iniciamos y vivimos nuestra XIII Asamblea Diocesana de pastoral en esta coyuntura que podría influir en la revisión y transformación de instituciones y estructuras que han sostenido y sostienen el tejido social y el engranaje de nuestro país.

 

  1. Entramos en la cuarta etapa de la ruta que nos conduce al año 2020 cuando esperamos lograr una iglesia diocesana renovada en su misión, actitudes, agentes, estructuras e instituciones. Todo para ser una Iglesia más encarnada, samaritana, solidaria… en salida.

 

No somos pioneros en la evangelización en estas tierras. Antes de nosotros ha habido testigos de Jesucristo y misioneros apasionados en la construcción del Reino de Dios. Conocemos unos cuantos nombres. La inmensa mayor parte de ellos han estado, como María, viviendo y anunciando el kerigma en el silencio y la humildad de sus hogares. Antes de ellos hubo otros apóstoles convencidos de su fe y de que ésta es el tesoro por excelencia y la mejor herramienta para cultivar una  vida justa y digna de los hijos de Dios.

 

  1. La XIII Asamblea continúa la búsqueda de un rostro de Iglesia modelo XXI, Iglesia en salida. Nos situamos en el espíritu del Concilio Vaticano II y de tantos llamados de la Iglesia, en los últimos 50 años, para ser una Iglesia viva, dialogante, acompañante, fermento, abierta a las sorpresas del Espíritu Santo que sigue intentando renovar la faz de la tierra.

 

A esto obedece la ruta que estamos trazando y recorriendo, no sin fatigas, pero con la esperanza que procede y sostiene nuestra fe en el Señor Jesús. Recordemos los pasos que hemos dado los últimos tres años:

 

  • 2014: El año del jubileo, ha querido ser un llamado a la conversión pastoral en la visión y el estilo de co-laborar como Iglesia: pasar de una pastoral de eventos a una pastoral con visión de futuro. Trabajamos en la necesidad de desencadenar procesos pastorales a través de una pastoral renovada y renovadora, orgánica y planificada. ¿Lo estamos logrando?

 

  • 2015: Ha sido un tiempo clave para afrontar a fondo la urgencia de un cambio de modelo en la iniciación cristiana. Si queremos cristianos nuevos –no sólo nuevos cristianos- se requiere vitaminar de/con Evangelio su gestación, nacimiento y desarrollo en sus primeros años. ¿En qué momento nos encontramos? ¿Hemos avanzado?

 

  • 2016: La familia y las familias. Está fuera de duda que la familia es la primera cuna/casa, el primer ámbito/hogar, el más importante ambiente/escuela para aceptar, recibir, acompañar, educar al ser humano. Mucho hemos hablado acerca de esta célula que pasa por crisis severas de identidad a causa de los embates de la modernidad y posmodernidad. ¿Cuál es la salud de la familia y las familias que se te han confiado al terminar el año 2016?

 

  1. Trabajar en la renovación de personas, instituciones y estructuras implica sacrificios, paciencia, confianza… Así es la caridad pastoral... Cuesta mucho, pero tiene como recompensa la satisfacción de sembrar bien para que las generaciones del presente y del futuro tengan un mejor ambiente para creer en Jesucristo, crecer en la fe y dar frutos; es decir, ser discípulos misioneros del y en el siglo XXI.  Si no lo hacemos, las consecuencias serán graves para la Iglesia y para el mundo; se nos puede caer el horizonte de la esperanza y de la paz. Sin renovación no hay futuro. Sin renovación el Espíritu Santo pasaría a la banca de los desempleados. Sin renovación el futuro de la Iglesia estaría en ser pieza de museo.

 

  1.  Evaluemos el camino recorrido. Hagamos un discernimiento profundo del presente. Decidamos qué hacer en y con la familia en sus complejas situaciones y con las generaciones jóvenes. No tengamos miedo. Seamos audaces y creativos.

Dios con nosotros. La Iglesia del cielo y de la tierra con nosotros.

¡Ánimo! ¡A remar tierra adentro!

 

Sigifredo Noriega Barceló

Obispo de/en Zacatecas  

@signorbar
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16 de enero de 2017 ©Diócesis de Zacatecas